La presidenta de GESS 2026 sostiene que la gestión social se ha convertido en
un factor decisivo para la viabilidad de los proyectos. Afirma que el gran desafío
del país es transformar los recursos de la minería en desarrollo visible para las comunidades.
Lima, 04 de agosto de 2026.
La capacidad de una empresa para construir relaciones
de confianza con las comunidades y comprender las necesidades del territorio se ha
convertido en un elemento tan importante como el capital o la tecnología para
garantizar el éxito de una inversión, aseveró la presidenta del Encuentro Internacional
de Gestión Social y Sostenibilidad (GESS 2026), Tamiko Hasegawa.
Explicó que la sostenibilidad de una inversión depende cada vez más de la capacidad
para anticipar riesgos, escuchar a los distintos actores y generar acuerdos que
permitan dar continuidad a los proyectos.
«La competitividad no es solo atraer inversión; es crear las condiciones para sostenerla
y convertirla en desarrollo compartido», afirmó en entrevista con el Instituto de
Ingenieros de Minas del Perú (IIMP).
Hasegawa señaló que los inversionistas ya no evalúan únicamente la rentabilidad
económica de un proyecto, sino también aspectos relacionados con la gobernanza, el
desempeño ambiental, la relación con los grupos de interés y la estabilidad social del
territorio donde operan.
Legado sostenible
La especialista sostuvo que uno de los principales retos es dejar atrás una visión
basada únicamente en la ejecución de programas sociales para avanzar hacia
estrategias que generen capacidades permanentes en los territorios.
Explicó que un verdadero legado se construye cuando las comunidades fortalecen sus
instituciones, desarrollan capacidades propias y pueden mantener las iniciativas sin
depender permanentemente de una empresa o proyecto.
«Un programa termina cuando se ejecuta el presupuesto; un legado comienza cuando
las capacidades permanecen», destacó al IIMP.
Asimismo, resalto la relevancia de escucha y alineamiento con las comunidades hacia
una participacion mas activa en las decisiones que impactan en su desarrollo.
«Las comunidades no quieren recibir soluciones diseñadas por otros; esperan
participar en las decisiones que afectan su futuro», subrayó.
Hasegawa agregó que construir confianza exige mantener una relación permanente
basada en la transparencia, el diálogo y el cumplimiento de los compromisos
asumidos.
Desarrollo compartido
Para la presidenta de GESS 2026, otro desafío consiste en evaluar la gestión social
por los cambios que genera en los territorios y no únicamente por el monto de la
inversión o el número de actividades ejecutadas.
En ese sentido, planteó que el éxito debe medirse por la calidad del diálogo, el
fortalecimiento de las instituciones locales, el cumplimiento de los acuerdos y la
capacidad de las comunidades para sostener los resultados alcanzados.
«Medir la actividad nos dice cuánto hicimos; medir la confianza y el cambio territorial
nos dice si realmente transformamos», apuntó.
Hasegawa afirmó que el principal reto de la próxima década será convertir los recursos
que genera el país en mejoras concretas para la población. Para lograrlo, consideró
una mejor gestión del Estado y el trabajo conjunto de empresas, comunidades,
academia y jóvenes.




